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En São Paulo, día 5 de noviembre de 2011

 

Limpieza

 

Tú eres amado.

Aquí, ahora, profundamente amada.

Esta es la presencia divina.

 

Esta es la infinita conciencia que todo ilumina, que todo acaricia a tu alrededor. Incluso aquello que olvidas de ti mismo, aquello que permanece cerrado en una caja tras años y años y es solamente una montaña de polvo.

Confía en esta capacidad de lo divino para alcanzar aquellos lugares de tu casa que están fuera de alcance, allí donde no puedes llegar y hay un cúmulo de cosas inútiles.

Una casa llena resulta pequeña. La mente humana que está llena de prejuicios, positivos o negativos, permite menor espacio para que se vea la realidad. Cada día hay menos espacio para bailar en casa, tomar el sol o cocinar, y menor espacio aún para recibir visitas, para ver al otro y su realidad. La casa mengua y la persona no se da cuenta. Pero un día las cosas se desmoronan a causa de cualquier movimiento pequeño. Un gesto desencadena un desastre.

Así es el mundo en este momento, es un desastre apropiado para tomar conciencia y vaciar la casa.

Si quieres hacer esto de un modo amoroso, se trata solo de confiar en lo divino. Entregarse cada día. Meditar en la divinidad que eres traerá luz, vaciándote, trayendo a casa las visitas y cosas que realmente necesitas.

 

¡Hay tanto amor ahora, te siento con tanto amor!

Estos rayos de luz divina convierten tu casa en un paraíso.

Tu mente puede ser un paraíso.

Solo se trata de entregarse una y otra vez, entregarse.


Transmitido en directo para un grupo por Alberto Saiz Rodríguez

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