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En Vall d´Alba, Castellón (España), día 14 de diciembre de 2008

Florecer divino

  Usted es amada ahora, profundamente amada. Es acariciada, contemplada, vibrada, liberada.

  Aquí ahora, sienta el cúmulo de dolor sobre el que se asientan sus problemas. ¿Es ese dolor el origen o el producto de sus problemas, es causa o consecuencia?

  Le pido que pruebe aquí ahora a liberar ese dolor. Deje que se libere ese dolor para corroborar más tarde si continúan los problemas y cuál es su calidad, cómo es que evolucionan esos problemas tras una liberación, después de una liberación espiritual.

  Aquí está la presencia del vacío, de su propia alma, su poder de purificación, su propio agujero negro interior, la capacidad para aniquilarse, entregarse, disolverse aquí ahora. Pero hay miedo a deshacerse del dolor debido a lo siguiente: deshacerse del dolor es lo mismo que deshacerse del placer, una cosa acompaña a la otra.

  Quien está en la luz experimenta gozo. Quien está en la lucha tiene dolor y placer, y el humano sabe que en el momento en que prescinde del dolor, el momento en que permite ser limpiado del dolor, también el placer es suprimido. Por ese motivo ustedes se aferran al dolor y al sufrimiento, a los problemas: porque también quieren las satisfacciones. Esa es la raíz del enganche, de las adicciones a todos los niveles: a sustancias, a personas, a situaciones, a músicas e ideas.

  Querrían una pastilla, un médico, que les extirpase el dolor, y multiplicase el placer. Ese es su ideal de bienestar. Es el ideal predominante. Mas usted, aquí ahora, su alma, sabe que una cosa no vive sin la otra, que el placer no sobrevive sin el dolor. El dolor compensa el placer y le permite sobrevivir. Entonces, si ahora usted es limpiada, liberando una parte de esa carga, ha de tener en cuenta (ya lo sabe en su interior pero yo lo verbalizo), que también está renunciando a su placer. Pierde lo que rechaza y pierde lo que desea. Es una ecuación irreversible. ¿Qué sentido tiene, entonces, limpiarse, purificarse, destruirse, aniquilarse, fundirse aquí ahora con la tierra, perder los límites de sí misma? El sentido es crear un espacio de gozo, de satisfacción simple y llana. Respirar en amplitud, sentir el cuerpo ligero, abrir los sentidos, y sentir que con eso aquí y ahora ya está realizada. Y sentir que a partir de eso aquí ahora nacen potenciales que construyen una vida distinta, más simple y transparente. Es la diferencia entre ser un mar batiendo contra la playa o ser un lago que lame las orillas.

  En el gozo, hay aún una pequeña carga de dualidad, imprescindible para vivir en este mundo. Pero es una carga, una tensión, que bien puedes comparar al contacto de las ondas de un lago con sus orillas. Estas ondas no impiden reflejar la imagen del cielo sobre el agua, no impiden nadar en él ni sentarse en su orilla. Ahora, las olas del océano borran la imagen del cielo, hacen costoso avanzar en sus aguas. Usted no puede sentarse relajadamente en su orilla. Purificarse significa eso, cambiar el océano por el lago, pasar de un tipo de espacio a otro. En primera instancia, en un primer acercamiento a ese poder purificador de su vacío, el oleaje embravece; usted puede pensar equivocadamente que esas olas tienen más fuerza que su capacidad para avanzar. Esas olas son la resistencia a dejar el placer, no son el dolor. Cuando usted acepta el dolor las olas no crecen: crecen cuando se aferra al placer. Ese es el verdadero punto álgido de las adicciones.

  Una vez que encara este oleaje las aguas se calman, de modo que ese océano agitado cambia de carácter y función. El cambio de carácter es evidente, pasa de la agresividad a la apariencia apacible, pero la función escapa a veces al entendimiento. La función de la persona que se bate una y otra vez contra la orilla, que vive a través de esas emociones enfrentadas, es, en realidad, la de purificar, no a sí mismo, sino a la playa: es desintegrar las rocas, hacer la arena más fina, es cambiar el relieve de la costa a través de su sacrificio. Es, en definitiva, cambiar el mundo. Luchar en ese intento.

  Sin embargo, ese lago que está en el gozo, esa persona que está en la serenidad, utiliza su oleaje, su caricia hacia el mundo, para que en su quietud todo aquello que le rodea, que cae en su superficie, sea filtrado poco a poco hacia el fondo del lago sin que la persona haga ningún esfuerzo, ningún batir contra la costa, ninguna lucha contra la arena y las rocas. Solamente está quieta. Solamente está tranquila, y todo aquello que la rodea y la alcanza se posa en su superficie, y blandamente cae al fondo, que se convierte en fango, desechos que alimentarán después una nueva experiencia. La experiencia de esa flor de loto que nace del fango, no porque la persona se entregue al fango, no porque la persona se identifique con el placer y el dolor y dé protagonismo en su vida a esa dualidad, sino porque deja que todo eso pase a través de sí sin afectarle. Solo porque ha apostado por su capacidad de purificación, de estar en calma, de no identificarse. Solo gracias al desapego  y al vacío. Entonces la flor puede nacer desde el fondo, puede hundir sus raíces en la basura que el mundo lanzó sobre ella, porque esa persona decidió no luchar contra la basura. Así se convierte en algo lindo, se asoma hacia el cielo en la sonrisa de una flor de mil pétalos, de mil gestos, cada uno de ellos recibiendo un rayo de sol nuevo, cada uno de ellos expresando un gozo del espíritu nuevo, que tiene su espacio y su tiempo porque la persona dejó de luchar. Invirtió el mínimo esfuerzo en sobrevivir, en conseguir cosas, en acomodarse en el mundo. Esta persona creció desde dentro, dejó de identificarse con sus problemas y los problemas del mundo, y por eso utilizó esos problemas para crear una flor y sonreír hacia el cielo. Este es el sentido de aceptar la purificación hoy, de aceptar su vacío.

  Le invito ahora, simplemente, si es que usted lo desea, si es que usted lo acoge y comprende, a hacer este vacío. Permita un desapego que le posicione correctamente en el mundo. Después podrá abrir sus sentidos hacia el cielo reconociendo que usted está vivo, usted está vivo.

Transmisión de la energía y palabras de la presencia Yo Soy, por Alberto Saiz, en directo para un grupo

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