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En Barreiro (Portugal), octubre de 2011


Destino

Tú eres amada ahora, profundamente amada ahora.

Recibe la bendición total, la comunión con quien Tú Eres, con tu esencia más profunda.

 

Cuando hayas visto y experimentado todo cuanto tienes que ver y experimentar en el universo entero, cuando alcances el conocimiento y la sabiduría más profundos, aun entonces tu destino final te sorprenderá: la simplicidad de no percibir ninguna otra cosa que no sea el amor en todo aquello que ves, tocas, oyes, hueles…

Todo lo que Es espera que sientas esta realidad, porque necesita de tu consciencia para materializarse. Todo el amor que existe en potencia necesita de tu mirada, de tu percepción, para convertirse en realidad. Todo lo que existe (lo feo y lo bonito, lo alto y lo bajo, lo grande y lo pequeño) aguarda tu despertar al reconocimiento del Amor que vibra en todo. Para que ese reconocimiento suceda es necesaria la sensación de haber llegado a tu destino, de haber experimentado y conocido todo cuanto necesitas. Pero esa satisfacción de haber alcanzado la plenitud es totalmente subjetiva. Se trata de alegrarse con la confianza de que aquello que conoces y experimentas es lo más apropiado.

De ese modo llegas a tu destino, sean cuales sean las circunstancias de tu vida.

Desde esa conformidad las cosas del mundo se abren a ti, muestran su verdad.

Te sientes aceptada por todo cuanto existe, y esa sensación de estar en casa despierta en ti un amor pleno e interminable que permite a tu entorno evolucionar. Todo recibe la intensidad espiritual que necesita para su evolución; a través de tu amor se transmite la vibración espiritual que el mundo necesita.

 

Para que eso suceda necesitas aceptar el mundo completamente, porque el mundo no puede recibir tu amor si tú no aceptas al mundo. Entonces las cosas cambian a tu alrededor, porque han recibido esa vibración del espíritu gracias a ti. Las circunstancias del mundo cambian una vez que has aceptado todo como es, y tú eres un motor para el cambio. Comprendes que para que las cosas cambien verdaderamente desde una perspectiva espiritual, necesitas aceptar las cosas exactamente como son, sin pretender cambiarlas, porque así ellas permiten ser amadas y a través de ese amor el espíritu penetra en las cosas y el mundo evoluciona.

Habita la montaña de la confianza, de ella nace la paciencia divina. Esa montaña dorada, en su extrema quietud, es el factor más intenso y profundo para el cambio. Y tú eres esa montaña, tú eres ese cambio.

 

Tú eres Dios, tú eres Diosa y todo aquello que tocas y miras acepta tu amor.

Aquí, ahora, todo es amor.

Aquí, ahora, todo es amor.

Todo es Amor.