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En Bimenes, Asturias (España), 10 de octubre de 2010

Asombro

Tú eres amada ahora. Tú eres profundamente amada ahora.

Yo Soy Dios en tu interior. Yo Soy Diosa en tu exterior. 

Todo es Uno ahora. Todo es Uno ahora.

Deja caer la sensación de impotencia, la sensación de querer cambiar el mundo. Cuando tú escuchas el mundo, puede que sientas que es perfecto como es. Puede que si realmente miras y escuchas el mundo, encuentres una sinfonía inimaginable con todos los colores, las sensaciones, las armonías que nunca podrías imaginar en el mundo que tú deseas crear.

El mundo, tal como es, es fruto de almas como la tuya, de infinitas partículas divinas como la tuya, semillas que han germinado con colores y sabores distintos. ¿Por qué hallas que si fuera del color que tu alma percibe sería más bello? ¿Por qué encuentras que el color que tú eres del arcoíris es más justo que el resto? Siéntete abrazada ahora por el arcoíris entero, siente que eres parte de ello y que es asombro lo que pueden sentir tus ojos al contemplar el arcoíris entero, todo cuanto existe.

Acostúmbrate a asombrarte, a no comprender casi nunca, y, por supuesto, a que nunca jamás la realidad obedezca a tus deseos. Acostúmbrate al asombro, a mirar con ojos nuevos, a ser sólo una partícula, y aceptar el cielo entero poblado por este arcoíris de humanos, ángeles y demonios. Todo es Dios en cada momento. Y en este asombro, en esta mirada sin juicio, ya no hay impotencia, porque percibes que ya está todo hecho, que nada que tú hagas mejora el mundo, sino que la vida misma te lleva a lo que necesitas hacer en cada momento sin molestarte en cambiar el resto.

Entonces tus piernas son como montañas: estables, sin miedo, montañas que miran al cielo, que recogen la lluvia de los sentimientos y la transforman en ríos, lagos, árboles y animales. Tú eres un ecosistema donde convive todo lo que existe, y estás fuerte, no tienes miedo. Hoy es un día para transformar el cielo y el infierno, para llevar los extremos a un lugar más simple, a un sentimiento fraterno con todo cuanto existe. Deja la paz, pues, nacer en tu pecho. Recibe este manto de sanación que te acompaña en el proceso. Todo es divino ahora. Todo es Dios. Todo es un río de vida que llena y desborda tu corazón. Riega con esa agua cada célula, cada emoción. Riega con esa bendición los pensamientos que, como el cielo, parecen intocables pero se inclinan ante la fuerza del amor, besándolo como el viento, que tarde o temprano visita ese arroyo, para que los pájaros puedan llenarse de vida en sus orillas.

 

Transmitido en directo para un grupo por Alberto Saiz Rodríguez

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