En Oporto, 19
de enero de 2008
Meditación y sexualidad
Tú eres amada por mí, amada por mí ahora. Yo
Soy Krishna, soy la presencia del espíritu en tu pecho, rompiendo la
inmovilidad, moviendo el motor de tu existencia en la tierra. Todo lo que Tú Eres
es profundo amor ahora, profundo amor ahora.
Desde mi naturaleza, te miro y tú eres como
un hermano tejiendo, construyendo, su cuerpo inmortal; un cuerpo que te permita
volar hasta el reino donde el amor y la pureza, donde la fusión de las almas es
una realidad más fuerte que ninguna duda. Hay una cascada de lágrimas cayendo
sobre ti, dando vida a tus semillas; eso es lo que yo quiero para ti: yo quiero
un acto de amor contigo. Cuando tú llegues aquí habrá un acto de amor conmigo,
ese acto que está presente cuando vives tu sexualidad y tu relación con los
demás.
“Meditación”
es el nombre que toma el espíritu en las dimensiones superiores. “Sexualidad”
es el nombre que toma el espíritu en las dimensiones inferiores. Ese acto
permite transmutar la lucha en ayuda, y permite que los cuerpos se unan en vez
de alejarse. Es la búsqueda, pues, de la unidad, y puede ser el acto místico
más revolucionario junto con la meditación, ambas cosas son lo mismo en
diferentes facetas humanas. Así, la sexualidad puede llevar tu cuerpo y
emociones más bajas hacia el centro mismo del corazón del universo. Así, la
meditación puede llevar a tu espíritu al centro mismo del corazón del universo.
Ahí confluyen para que tu mismo centro sea animal y angelical, sea fuerte y
sutil, sea instintivo y sabio.
Bebe
de mi copa ahora, de mi energía ahora, para que se abra la comunicación entre
el deseo y el mundo espiritual. Este cáliz de amor puede juntar, puede abrir
camino para que el ángel y el animal en ti den lugar a un humano profundamente
divino, profundamente divino. La sexualidad no es solamente el acto sexual, es también
el anhelo de una estructura física por identificarse, fundirse, con otra
estructura física, y por tanto la forma de expresar amor, de mirar al otro,
identificarse y complementarse hasta sentir que la energía que se desprende de
esta fusión es recogida en la base de tu columna vertebral y en esa nueva
potencia adquirida puede ser ascendida, puede crecer de forma que tu biología
adquiere una sabiduría intuitiva acerca de cuál es el camino para alcanzar a
dios aquí, en la tierra. Practicar el amor a nivel físico recuerda a tus
células cuál es el camino para alcanzar la realización.
Hace miles de años, en la mítica india en
que yo encarné, esta práctica era vivida y transmitida de generación en
generación, investigada y practicada como parte de la veneración hacia dios y
hacia el humano mismo. Así es que nuestros cuerpos rejuvenecían, así nuestras
mentes se despejaban de dudas. Así es que teníamos fuerza y luz para limpiar
carma, ya que nuestras células se curaban a través de la unión amorosa. Era tan
fácil como mirar para otro como objeto de amor, de veneración. Solamente poner
la intención de que el deseo se convirtiese en respeto y profundo amor. Así
tras un tiempo en la juventud en que la actividad sexual física era intensa y
se limpiaba e iluminaba cada célula, en el transcurso del tiempo, la relación
con los demás era simplemente un reconocimiento de su divinidad y no
necesitábamos más que mirar a los ojos del otro para fusionar nuestras almas y
adorar así a un mismo dios.
Imaginen qué podría significar esto en sus
vidas. Imaginen que no podrían odiar porque su nivel de compenetración con los
demás sería tan grande que su odio les dañaría a ustedes mismos. El otro sería
un espejo muy claro para ustedes. Imagine lo que significaría amar a sus
vecinos tanto como a los dioses de las iglesias, considerar igual a sus vecinos
que a la virgen en la iglesia. Haría que ustedes vivieran con más calma, sin
esta necesidad de buscar lo que no encuentran, ya que todo lo necesario estaría
a su lado.
Todo aquello que no les permite vivir el
tiempo con naturalidad, el egoísmo y la soledad, desaparecería. ¡Desaparecería!
Considérate a ti misma ahora como diosa, como una fuente de amor, haz el amor
contigo misma. Comienza ahora por ahí. Comienza por sentir a dios en tus pies,
en tus piernas, siente cómo asciende, cómo toma tus genitales, tu abdomen, la
espalda y el pecho, brazos y manos, el cuello y la cabeza. Y vuela ahora…
Siente ahora con plenitud cómo tú eres dios
en la tierra.
Usted es tan amada, tan amada.
Ahora tú puedes escucharme desde el
corazón. Mi sonido es la música que danzan las esferas, la que suena ahora en
tu pecho. Mi música es orden, armonía, belleza.
Bendecida sea su llama, el fuego de su
corazón. Que ilumine la verdad y le permita expresarla en su vida. Usted es
bendecida profundamente.
Mensaje canalizado en directo para un grupo por Alberto
Saiz.